En el tren en dirección hacia Bayamón para radicar en el tribunal, se acerca este joven y me dice: "Disculpa, pero necesito hablar esto con alguien..." su mirada estaba un tanto desorbitada. Buscando consejo me cuenta que esta joven le pidió distancia, que no sabía que hacer. Indagando un poco descubro que no era una relación de pareja, sino parecía ser el tipo de relación en el que ella lo miraba como un amigo, mientras que el tenía un interés un tanto más sentimental. Le sugerí que le diera el tiempo, que si ella tenía interés lo llamaría. Con la voz quebrada me preguntó si me habían pasado cosas similares, le contesté que si y le conté alguna anécdota. Su mirada seguía perdida, no estaba seguro si verdaderamente me estaba escuchando, parecía atormentado por sus pensamiento. Necesitaba conectar con el, entrar, hacerlo entrar en consciencia de su presente ¿Pero como?
Entonces le recordé que habíamos tomado algunos cursos juntos en la universidad. Sabía que era alumno de Bellas Artes e iniciamos una conversación sobre el arte, le comenté que mi padre era pintor y al mencionarle el nombre estremeció –como si hubiese despertado de un sueño– toda su cabeza se estremeció. Finalmente lo logré. Su tono y actitud cambiaron, se le veía más lúcido. Seguimos charlando de tantas cosas que no recuerdo, el tiempo no existía (parecía esta congelado. Entonces llegó mi estación, me despedí. Nos dimos un abrazo y con los ojos aguados y una sonrisa me agradeció por escucharle.
Comentarios
Publicar un comentario